
Antes de ayer después de unos cuantos días de descanso necesarios volví al tajo, y me puse nuevamente a leer cosas insufribles... Pero en fin, con fuerzas renovadas todo era posible, y factible incluso, y me encontraba con ganas de emprender nuevamente mis obligaciones. Pillé el Spotify por banda y en un flash se me ocurrió que podía volver a escuchar Peer Gynt. No, no es un grupo escandinavo independiente que lo petó en los noventa o algo así, no. Peer Gynt es una de las composiciones de música clásica más famosas de la historia porque contiene dos de las piezas más conocidas del género; el Amanecer, y en la Gruta del Rey de la Montaña, aunque para mí gusto de las más famosas quizás la pieza más bonita (y triste) de todas ellas sea La Muerta de Ase.
En el siglo XIX estaba ciertamente de moda componer música que incidiera en los mitos e historias populares de cada país (de hecho a este tipo de música se le llamó alguna vez nacionalista), antiguas o inventadas recientemente porque se estaban conformando lo que eran los Estados Nación actuales, y con ellos en nacionalismo imperante en cada país (que los incautos prefieren llamar patriotismo). Esta obra es una prueba de ello. De manera así un poco bruta podemos decir que Peer Gynt es un cuento noruego que cuenta las aventuras de un aldeano que es un bala perdida pendenciero que tiene como únicos objetivos en esta vida hacerse rico mangando y follarse a la mayor cantidad de chicas posibles (un malote en toda regla). La música de la obra es de Edvard Grieg, y se compuso para acompañar una obra de teatro basada en la novela escrita por Henrik Ibsen en 1867.
Dos de las piezas más bonitas de la obra son las que canta Solveig, que es la eterna enamorada de Peer. Cuando ésta llega a vivir con su familia al pueblo de Peer, asiste a una boda coincidiendo con nuestro protagonista. Él se queda prendado de la chica desde que la ve, y ella tampoco le hace precisamente ascos a pesar de su padre. No obstante, con posterioridad, a pesar de las promesas que le hace cuando se fugan juntos Peer la abandona a traición. Muchos años después cuando éste vuelve baldado y desencantado a su antigua aldea, Solveig le sigue esperando a pesar de los años y de ser ciega y anciana. Peer la escucha cantar y cae de rodillas posando su cabeza en su regazo mientras ésta le acaricia el pelo.