Hoy se ha dictado una sentencia que posiblemente marque un antes y un después en lo que a la concepción del estado español se refiere; y no creo que tenga un efecto inmediato sino otro de más largo recorrido... En general creo que los políticos independentistas han sido más que cándidos pensando que el estado no iba a actuar contra ellos si decidían hacer un referéndum vinculante, y en ese sentido la entereza de Junqueras me parece digna de elogio, porque sabiendo de las consecuencias decidió quedarse y ser juzgado, cosa que otros no... Pero, a pesar de que obviamente han cometido delitos (si utilizas dinero público para hacer un acto considerado ilegal aunque utilices tretas, más tarde o más temprano te van a pillar; lo de la violencia por mucho que insistan los jueces no lo acabo de ver), lo que no puedo entender es que con la cantidad de mangantes que han sido juzgados por estafas contra el estado (es decir, contra todos nosotros), o que Tejero esté en la puta calle, a esta gente les caigan tantos años y otra haya salido de rositas...
No creo que vayan a cumplir todos los años que se les imputa, y mucho menos cuando vaya la sentencia a Estrasburgo. Supongo que lo que se quiere conseguir es hacer una sentencia ejemplarizante, en plan, aviso a navegantes, pero lo cierto es que cierta prensa y políticos que lo más al norte que suelen estar es en la sierra del Guadarrama y lo más al sur Toledo, incluso se muestran compungidos porque esto les ha sabido a poco...
En mi opinión el problema que existe con Cataluña y con Euskadi (aunque en este caso después de décadas de tensión motivada por la acción de ETA y la respuesta del estado, actualmente no se ven signos de querer alcanzar la independencia) es que sus respectivas burguesías, las clases dirigentes, tienen una identidad nacional distinta y muy marcada a la del resto del estado, algo que no pasa en Galicia donde el nacionalismo solamente es de izquierdas, un hecho motivado por la limpia que hicieron los reyes católicos con las clases dirigentes a sangre y fuego (me río yo de Felipe V y Cataluña), lo que en consecuencia ha motivado un complejo de auto-odio secular inexistente entre catalanes y vascos, a pesar de que todavía (por poco tiempo), en proporción en Galicia se da el porcentaje menor de hablantes de castellano de todo el estado.
Es decir, que tengas a dos de los sectores empresariales más importantes de toda España con ansias independentistas de algún u otro modo, implica que por efecto de arrastre el resto de la sociedad también comparta ese proyecto (independentistas o no), o por lo menos, que no lo vean con malos ojos si se da la posibilidad, algo que por ejemplo ni de tripi pasaría en Murcia. Las identidades nacionales existen porque el dinero necesita crear ese sentimiento en el cual se fundamenta la parte más importante de sus valores; pero eso tanto en Madrid como en Barcelona. Es algo premeditado en parte pero por otra es un hecho consustancial a toda construcción nacional.
Por otra parte, el nacionalismo español opina que en la transición tuvo que ceder demasiado, durante y después, y lo mejor de todo es que ahora encima la "izquierda" que se dice de estado (que tampoco hay que olvidar que articuló en su día a los GAL), se suma al carro patriotero de la derecha... Desde el otro lado de la barrera, desde Barcelona, son conscientes de un hecho diáfano: todo se centraliza en Madrid, desde las infraestructuras, hasta el capital, y que ellos son de los pocos lugares que resisten a ese empuje. Y ahí supongo que es cuando surge el impulso por querer la independencia, de ahí que uno de los empresarios farmacéuticos más importantes de Europa, Grifols, le dijera a Artur Mas a propósito del Proces, "Tiri, endevant". Eso no es una tontería y es bastante sintomático, y por ese motivo, por el efecto arrastre del que hablaba, no poca gente habla de la "revolución de las clases medias".
Por otra parte, la obviedad, y también lo reconocen desde ERC (por lo menos); no se puede buscar la independencia con un porcentaje estrecho, y menos sin llegar al 50% de la sociedad, pero lo cierto es que no creo que sea una quimera que igual en 20 años la consigan si se marcan un objetivo a largo plazo basado en ensanchar una base que hoy por hoy no tienen a pesar de la fuerza que poseen.
En fin, en algún momento se tendrán que poner a hablar porque el problema va a seguir así, y lo peor de todo es que creo que se está gestando un caldo de cultivo peligroso para un movimiento populista, porque la gente cada vez observa que esto es un cachondeo, y que hay doble rasero... y lo peor no es eso, lo peor es que muchos hemos votado cagados de miedo en abril ante el pánico de que la ultraderecha condicionase nuestra vidas y ahora estamos a expensas por culpa de la patronal y del banco santander (del cual el PSOE es deudor desde tiempos inmemoriales) a que ahora sí puedan sumar... Pandilla de lunáticos.
"La verdad es que tanto Israel como Palestina, me comen el coño”. Les pareceré una frívola, pero no puedo dejar de experimentar una pequeña liberación íntima cuando escribo esta frase. No se asusten, no es mía. Es la provocación con que arranca la serie Years and Years, una de las últimas delicias de HBO. Quien habla así es la política populista Vivienne Rook, interpretada por Emma Thompson en una distopía sobre el futuro político de Europa, donde todo lo malo que nos puede pasar, nos pasa. Les adelanto que España tiene un papel fundamental.
¿Soy rara? ¿Votaré próximamente a un partido populista? ¿O es que hay algo realmente liberador en afirmar que Israel y Palestina me comen el coño? Otra vez. Es decirlo y me sonrío. Aunque creo que no por la provocación. Sospecho que lo más eficaz en la frase no son Israel ni Palestina. Ni siquiera la palabra coño. Lo que funciona es el sentido. Porque esta frase dice que puedo mandar a la mierda cualquier asunto social y político, por importante que sea, simplemente por el hecho de ser demasiado general, demasiado abstracto o suceder demasiado lejos.
Y yo claro, me vengo arriba. Porque no son solo Israel y Palestina. Es que tengo la sensación de que me paso la vida preocupada por asuntos que están demasiado lejos, que no logro entender del todo y sobre los que no tengo ninguna experiencia concreta. Aparte del conflicto árabe-israelí están también el cambio climático, el cáncer, el tipo de interés variable, los meteoritos, la extinción de especies, el big data, la alteración democrática vía Facebook, los robots inteligentes… y muchos otros asuntos igual de generales, abstractos y lejanos. ¿De verdad puedo mandarlos todos a la mierda? El populismo lo tiene claro, la respuesta correcta es sí. Y esto, quieras que no, la gente como yo lo agradece.
Porque ¿saben qué nos pasa a la gente como yo? A los que pensamos el mundo así, en general. A todos los que sabemos más sobre el cambio climático que sobre los niños que pasan hambre a siete paradas de metro de nuestro piso con hipoteca variable. ¿Quieren saber lo que nos pasa? Pues nos pasa que tenemos miedo. Muchísimo miedo. Miedo de vivir, así en general.
A veces estoy en mi cama y noto cómo me cubre un finísimo velo de terror blanco, de miedo a todo lo que no puedo evitar y me amenaza a mí y a los míos. Miedo también a todo lo que amenaza al planeta, ni siquiera a mi ciudad, ni siquiera a mi país, ni siquiera a Europa, ni siquiera al mundo entero. Miedo en general de todo cuanto está lejos y es inmenso y es inevitable. Miedo incluso de hacer el amor, porque el miedo al contagio debe ir por delante del deseo. Un terror tan universal como la mismísima cadena Starbucks. Y justo ahí, justo en ese temor y en esa desconexión con la realidad es donde golpea la frase. “La verdad es que tanto Israel como Palestina, me comen el coño”. Y digo yo, gracias señora populista, que pena que exista usted solo en la ficción.
Lo malo es que la gente como yo es la que va arruinarlo todo. Somos los futuros votantes de Gobiernos populistas que arrasarán con lo poco bueno que hemos construido. Y hay pocas salidas. Porque los políticos al final son personas y se han vuelto tan desconfiados y asustadizos como los demás. Solo los populistas parecen no tener miedo. Miren si no a Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, que también se preocupan mucho por todo lo general. Dos tíos capaces de convertir a su cómplice en adversario por puro acojone. ¿Qué pasa entonces? ¿Estamos condenados al desastre o a la ineficacia más bochornosa? Podría parecer que sí. Aunque siempre queda la salida local y nacionalista, que tampoco tiene miedo, tan sexy y peligrosa como cualquier populismo de tres al cuarto pero dirigida a ciudadanos geográficamente escogidos, así que esta opción no cuenta para la mayoría.
Así pues, llegados a este punto, la única acción política urgente y responsable es dejar de tener miedo. Empezar a vivir con feliz despreocupación porque, además, no sirve absolutamente para nada preocuparnos por lo que no podemos controlar y, encima, empeora las cosas.
Yo aún recuerdo a esa generación que vivió mayo del 68 y que cantaba canciones que mi generación aún tararea, canciones que le encantan a Pablo Iglesias, por cierto. Aquella generación, quizás peor informada, creía de verdad que podía cambiar el mundo y tenía mucho menos miedo. Después, su decepción nos preparó para lo peor. Y en este estado de decepción, que es hoy mundial, tememos tanto todo lo malo que nos puede pasar, que no hacemos otra cosa que correr hacia ello. Por eso, ¿saben qué les digo a todos mis miedos? Que me pueden comer el mismísimo. Pedro y Pablo, si me leéis haced lo mismo. Y ya de paso, levantad vuestro miembro de la mesa.
martes, 9 de xullo de 2019
Hace como tres días mi hermana mayor me manda un whatsapp y me informaba que mi tutor de 4º de EGB había fallecido. Al principio me quedé obviamente en fuera de juego pero sin dramas, con setenta y pico años tampoco es que fuera una persona muy mayor pero al llegar a ciertas edades ya se sabe, no es extraño que te enteres de que alguien que conocías haya pasado a mejor vida. No obstante, media hora después cuando vi su foto en facebook en una página de antiguos alumnos y los comentarios que puso la gente me puse a llorar, sin apenas darme cuenta. No sé si esto es muy común, que sin previo aviso de pronto reacciones de esta manera, pero para mí no ha sido la primera vez y tampoco creo que vaya a ser la última que me sucede. Soy así de espontáneo.
Supongo que hay momentos que tienes guardados en la memoria de cuando eras pequeño que permanecen en ella escondidos pero que son transparentes, y en cierta manera recuerdo con cariño ese año; ya veis, las memorias de un Nao Berlin de apenas diez añitos. Por aquel entonces recuerdo que todavía era del Madrid (como para no serlo, dos de mis hermanos lo son a muerte), y que además era super fan de Zamorano, el cual cuando celebraba un gol siempre se iba corriendo a la banda, se encorvaba, y movía los puños mientras gritaba. Bueno, pues así celebraba yo las buenas notas con los compañeros que tenía al lado, a los cuales a algunos de ellos todavía les guardo aprecio, un hecho que tiene mérito teniendo en cuenta la cantidad de gilipollas que siempre hubo en ese colegio concertado, ya que no todos los años fueron buenos para mí.
Cuando eres un adolescente es más fácil darte cuenta cuando un profesor vale la pena, o por lo menos yo era más consciente a pesar de que siempre he vivido un poco en mi mundo, de manera que si ahora soy despistado lo de antes era épico. Pero lo que puedo asegurar con respecto a ese año, entre otras cosas, es que tuve a un profesor que era buena gente, que se preocupaba por todos sus alumnos, no solamente por los que le caían bien, y que siempre buscaba aconsejarte. Puedo asegurar que a mí me tenía calado, y supongo que eso es algo que tiene mérito porque no puedo asegurar lo mismo de la mayor parte de los profesores que haya tenido porque no todos consiguieron pillarme el truco. Quizás era/soy demasiado hermético e incluso algo complejo, no lo sé, y siempre he buscado pasar desapercibido.
Sea como fuere puedo afirmar con certeza que si guardo ese tipo imagen de él es debido a mis sensaciones, porque parte de la memoria que tengo de esa época ya se ha desvanecido ya que hace como veinticinco años de aquello... pero el recuerdo que tiene un niño de algo bueno o malo es diáfano, y para ser sincero con más frecuencia me tiendo a guiar en mayor medida por mi intuición en lo que concierne a la gente, porque es de esas cosas que con el paso de los años sí que he ido depurando. Por tanto, lo que le queda a uno de las personas con las que ha tratado, el poso, son sus acciones, y de las que te han intentado ayudar siempre te va a quedar algo, aunque pase mucho tiempo, e incluso a pesar de los roces y confrontación que puedan existir cuando tratas con alguien a menudo. Siempre pesa más lo bueno, y eso es algo muy a tener en cuenta en tiempos en los cuales gente sin corazón nos quieren hacer retroceder décadas.
Son fillo de José, y de mi madre también. Vivo a la beira do mar, y estoy estudiando para cuando sea jrande. Compraré un chalé, y un coche también, Ostia!!!! (Heredeiros da Crus Dixit)