xoves, 25 de setembro de 2014

Soy un Indie de mierda III (pero de los de verdad, no como los posers de ahora :P)

Lo único que voy a comentar es que como la canción de War on Drugs no tiene un un estribillo que se repita, en compensación no puedo dejar de tararear las partes del teclado, así en modo tontorrón.







PD: Me he creado un bicho raro de esos que vosotros llamáis twitter; sí, me como mis propias palabras porque me he hecho fan de norcoreano y no he podido reprimir mis ganas de comentar alguna de sus geniales ocurrencias. Pero en fin, es el twitter de Nao Berlin, no el twitter de xxxxxxxx xxxxxxxx xxxxxx. De todas formas tranquis, que si tenéis mucho interes, mediante tres records seguidos en el candy crush desbloqueáis mi nombre :P En fin, por si os da la venada y queréis comentar chorradas varias con el menda lerenda. Ahí lo dejo.

luns, 15 de setembro de 2014

Cómo quieres que te quiera si...


Qué mal nos queremos. Qué mal andamos de cariño del bueno. Qué poco nos paramos a darnos lo nuestro. Y ya no digamos lo de los demás. Qué pronto se acabó lo que se nos daba, si es que se nos dio. En este déficit emocional globalizado y transnacional no existen ya ni clases medias ni clases altas, aquí todos somos mileuristas de un amor hipotecado, aquí todo el mundo es un sin techo de amor del que duele cuando sana, amor del de verdad. 

Y todo por querernos mucho, muchísimo, sí, pero mal, con lo cual acaba siendo peor el remedio que la enfermedad. Porque cuando algo es malo y sin embargo escaso, no hay que preocuparse demasiado, es mucho más fácil de evitar, y ya no digamos de erradicar. Pero si encima te lo profesan en cantidades industriales, si hablamos de una pandemia a nivel mundial, inténtate tú escapar. Es imposible. Y así nos va. 

Qué mal nos queremos. De verdad. Existen quereres de los que damos por descontados. Su único gran defecto es que siempre estuvieron ahí, sin pedir nada a cambio, sin hacer demasiado ruido y tampoco hubo que hacer mucho para currárselos. Es el querer de una madre, sí, pero también cualquier amor que llegue demasiado pronto, demasiado fácil, demasiado incondicional, ése que cuando te vienes a dar cuenta de que lo tenías, te giras y ya no está. Y es entonces cuando empiezas a echarlo de menos. Cuando ya es tarde. Cuando ya no se le puede corresponder… ni apartar. 

Y es que no sé si lo ves, pero mal, nos queremos un rato. Mira el amor propio, el amor a uno mismo. Ése que alguno confunde con soberbia o prepotencia y a otros les da vergüenza manifestar. La gente aquí no tiene punto medio: o se pasa de frenada, como es mi caso, o en su vida no lo llega ni a probar. Esta última es la humildad mal entendida, la que te divide día a día como individuo y te apaga como una vela en medio de esta tempestad a la que llamamos rutina. Lo necesario que es pasar más tiempo con uno mismo, para poder pasarlo con los demás. Lo difícil es encontrarle el punto, apretarle a la vida, exigirle siempre un poquito más. Conocer los propios límites y ponerlos cada día a prueba, y comprobar que cuando tú te acercas, siempre se acojonan y acaban refugiándose un poco más allá. 

Y así no es de extrañar que haya gente que se quiera tan flojo. Nos enamoramos y hacemos ver que nos da igual. Vayamos poquito a poco, no te vaya a soltar un te quiero demasiado pronto, no nos vayamos a precipitar. Como si esto que te sale del corazón fuese agua del grifo. Ahora lo caliento, ahora lo enfrío. Ahora le doy a chorro. Ahora gotita a gotita y no más. Y el día menos pensado se te olvida quitar la llave de paso y te encuentras flotando empapado en medio de tu propia soledad. Uno no elige cuándo ni de quién se enamora, como tampoco se puede elegir la velocidad. Falacias que nos contamos a nosotros mismos, tratando de convencer a un amigo que ya hace tiempo que ni nos cree, ni nos ha dejado de escuchar. 

Dentro de este ramillete improvisado de amores nocivos, no podíamos olvidar los que encuentran placer simplemente en hacerse daño. Los yonkis de la intensidad. Es difícil llegar a admitirlo, pero algunos lo consiguen. Y entonces qué. Porque destruirse es como acariciarse: por muy bueno que seas contigo mismo, siempre hay alguien que lo hará mucho mejor por ti. Aunque sea porque llega adonde tú no llegarías jamás. Y es que nadie me hiere como tú. 

Qué mal nos queremos cuando quererse es atraparse, meterse en una urna y verse marchitar. Entramos en el mundo de los reproches, de las libertades fingidas, del tú verás, del te quiero tal como te imagino. 'T'estimo, ets perfecte, ja et canviaré'. 

Y para terminar, para que nadie se sienta excluido, aplaudamos la inmensa horda de amores pantalla. Los que lo son de cara a la galería, porque a nadie se le ocurre nunca profundizar. La cantidad de parejas que cenan siempre en silencio. Parejas que si se cuentan el día, lo hacen como quien repasa sin hambre la carta. Parejas que han olvidado que el hecho de hablar no tiene nada que ver con el acto de comunicarse. Para lo primero basta con mover la boca y emitir fonemas. Para lo segundo, además, hay que mover el corazón. Propio y ajeno. 

Y hablando de ajenos. Por muy mal que nos queramos todos, jamás olvides que siempre estarán peor los demás. 

A que sí, cariño.


Si queréis ver el artículo original lo tenéis aquí. En cuanto al autor de la foto, pues aquí también

venres, 5 de setembro de 2014

Welcome to a Ghalisia Profunda


El tiempo que va desde finales de 3º de BUP a finales de COU fue una época en la que iba muchísimo a Vigo, por causas que no vienen a cuento, de hecho tanto que la primera chica con la que salí en serio era de allí, vamos, lo que viene siendo mi primera novia (ya sabéis, cosas propiciadas por verano y el calor). Todo esto viene a cuento porque hace unos días leía en el Faro de Vigo que se cumplían treinta años del desalojo de una playa nudista en la ría de Vigo.

La cuestión es que esta chica tenía un tío con el cual me llevaba muy bien porque era bastante coñas y le gustaba la buena música (gracias a él descubrí entre otras cosas a los Smiths, uno de mis grupos favoritos). Un día ella me contó una de las múltiples historias que él le contaba; vamos, lo que viene siendo él desalojó de la playa en cuestión, la playa de Barra, situada en Cangas.

Resulta que después de casi diez años de democracia, mucha gente quería ejercer el nudismo en paz, y en playas habilitadas para ello, para no molestar a nadie. La broma es que según creo (los dos artículos que he cotejado, uno del Faro de Vigo y otro de El País no lo dejan muy claro) desde finales de la época de Franco ya se podía ir en pelota picada por ciertas playas, de manera que se corrió la voz y cada vez había más gente dispuesta a ir como dios los trajo al mundo en la costa. 

Hasta aquí lo normal, esta gente tenía la autorización del gobierno civil de Pontevedra y santas pascuas. Pero en fin, con la iglesia hemos topado. Resulta que el cura de la parroquia de Hío, movilizó a todas las viejas (había algún viejo pero la coña es que parece que a ellos no les importaba tanto "contemplar" el panorama) para montar una patrulla por la decencia. Salieron las viejas armadas con palos, "sachos" y estacas para darle un par de leches a esa panda de hippies. En fin, como ya habréis deducido esta fotazo recoge un momento de aquel desalojo forzoso.

La cuestión es que el alcalde de Cangas se acojonó, pero no por lo esperpéntico de la situación (de ver unas viejas locas dispuestas a abrirle la cabeza a una persona), sino porque sus votantes le fueran a él "sacho" en mano a reclamar por qué dejaba a aquellos "baldreus" armar tamaño escándalo cuando había "criansas" (niños) que podían ver aquel espectáculo "indecente". Después de ver cómo se tomaban la justicia por su mano capitaneadas por el cura, el alcalde mandó desalojar a la gente que estaba en el camping por "atentar contra la moral". La broma es que los nudistas, con la ley en la mano dijeron que no estaban infringiendo ninguna ley, pero fue igual.

Durante dos días la policía evitó que la gente anduviera en pelota picada por la playa en cuestión. Al parecer, no fue hasta el año 88 hasta cuando se garantizó la práctica del nudismo en las playas habilitadas como tal, de manera que no hubiese vacíos legales como en este caso.

La historia contada así suena a, "por dios, qué retrógrados", "panda de gañanes", o "así nos va en Galicia votando al PP 4ever and ever"; pero en fin, veníamos del franquismo y la Galicia profunda "échevos así". Pero esta mítica foto es impagable, a señora Facunda dándolle de paus a unha panda de mangantes (la señora Facunda, por decir un nombre, dándole de palos a una panda de mangantes). Hacía la de dios que no veía esta imagen y me volví a "escarallar" (descojonar) cosa fina, porque la verdad esto es una tragicomedia en toda regla. Es un poco la esencia de Galicia profunda, no sabría explicaros porqué, pero vamos que aquí la gente puede ser muy bruta, y en la costa ni os cuento, aunque los que se llevan la palma son los del Barbanza... Una imagen/foto dice más que mil palabras.

Pero en fin, estas señoras llevaron a cabo algo que algunos punkarras decían que querían hacer pero en el fondo creo que nunca hicieron, o por lo menos en Vigo (es decir, una bravuconada de tantas). Resulta que en las islas Cíes, en tiempos, había bastantes hippies (costras para los punkarras), y Siniestro Total soñaban con matarlos a todos. De esta manera dejaron este himno vigués en su primer album, el mejor, sin duda.

Por otra parte me da pena escuchar a Coppini después de su reciente muerte, aunque más triste sería escuchar de su voz Cena Recalentada de Golpes Bajos... La verdad es que cuando escucho el primer disco de Siniestro Total cuando me quiero dar cuenta me pongo saltar y a cantar como un poseso mientras me parto el culo con muchas de sus letras. Eras un grande Germán!!

xoves, 28 de agosto de 2014

Me Abuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuurro

Intentas trabajar pero no puedes, la concentración se ha ido de cañas allá abajo por el puerto. Debajo una banda de gaitas ensayando a todo meter el himno gallego una y otra vez (que es mi himno, pero oye que todo en exceso toca la moral y más cuando la cagan de cuando en cuando). Aunque suene cenizo, esta semana ha hecho un tiempo de mierda, y para trabajar quizás sea lo mejor que hay. En fin, que hoy me merezco un par de collejas.

Y así doy fin a la entrada más chorra en la historia de este mi blog Esternocleidomastoideo, antes Nunca Me Entero de Nada (sí, como la canción de Los Planetas).

martes, 19 de agosto de 2014

Soy un "deudor insolvente".


A través del documento y por medio de la prueba documental, el historiador está sometido a lo que un día fue. Tiene una deuda con el pasado, una deuda de reconocimiento con los muertos, que hace de él un deudor insolvente. Se plantea el problema de articular conceptualmente lo que, con el nombre de deuda, no es aún más que un sentimiento

Ya sabía que era un poco piltrafa, Paul Ricoeur, pero gracias por recordármelo :P

martes, 12 de agosto de 2014

xoves, 31 de xullo de 2014

Peer Gynt


Antes de ayer después de unos cuantos días de descanso necesarios volví al tajo, y me puse nuevamente a leer cosas insufribles... Pero en fin, con fuerzas renovadas todo era posible, y factible incluso, y me encontraba con ganas de emprender nuevamente mis obligaciones. Pillé el Spotify por banda y en un flash se me ocurrió que podía volver a escuchar Peer Gynt. No, no es un grupo escandinavo independiente que lo petó en los noventa o algo así, no. Peer Gynt es una de las composiciones de música clásica más famosas de la historia porque contiene dos de las piezas más conocidas del género; el Amanecer, y en la Gruta del Rey de la Montaña, aunque para mí gusto de las más famosas quizás la pieza más bonita (y triste) de todas ellas sea La Muerta de Ase

En el siglo XIX estaba ciertamente de moda componer música que incidiera en los mitos e historias populares de cada país (de hecho a este tipo de música se le llamó alguna vez nacionalista), antiguas o inventadas recientemente porque se estaban conformando lo que eran los Estados Nación actuales, y con ellos en nacionalismo imperante en cada país (que los incautos prefieren llamar patriotismo). Esta obra es una prueba de ello. De manera así un poco bruta podemos decir que Peer Gynt es un cuento noruego que cuenta las aventuras de un aldeano que es un bala perdida pendenciero que tiene como únicos objetivos en esta vida hacerse rico mangando y follarse a la mayor cantidad de chicas posibles (un malote en toda regla). La música de la obra es de Edvard Grieg, y se compuso para acompañar una obra de teatro basada en la novela escrita por Henrik Ibsen en 1867. 

Dos de las piezas más bonitas de la obra son las que canta Solveig, que es la eterna enamorada de Peer. Cuando ésta llega a vivir con su familia al pueblo de Peer, asiste a una boda coincidiendo con nuestro protagonista. Él se queda prendado de la chica desde que la ve, y ella tampoco le hace precisamente ascos a pesar de su padre. No obstante, con posterioridad, a pesar de las promesas que le hace cuando se fugan juntos Peer la abandona a traición. Muchos años después cuando éste vuelve baldado y desencantado a su antigua aldea, Solveig le sigue esperando a pesar de los años y de ser ciega y anciana. Peer la escucha cantar y cae de rodillas posando su cabeza en su regazo mientras ésta le acaricia el pelo.